martes, 9 de marzo de 2010

El Alfa y el Omega: Materia y energía

Llamamos Alfa y Omega al Principio y al Fin del Universo, respectivamente, lejos de ser un término religioso, aunque muy empleado, pertenece al campo de la astrofísica.

Como habréis oído, la teoría más aceptada en la actualidad sobre el Alfa o Principio es la teoría del Big Bang: Toda la energía que existía se concentró en un punto infinitamente pequeño y estalló despidiendo masa y energía en todas direcciones. Sin entrar en detalles, os preguntaréis qué principio es este si ya existía algo antes, esto es lo que se llama en astrofísica una singularidad, pero no es el tema del que quiero hablar en este relato.

Se puede decir que la materia y la energía son dos caras de la misma moneda, y como el que pasa de pesetas a euros estas unidades se pueden convertir a través de esa paradigmática y a la vez enigmática y tan desconocida para la mayoría fórmula de la teoría de la relatividad de Einstein:
e =mc2 donde "e" es energía, "m" es masa y "c2" la velocidad de la luz al cuadrado.

La "c" es tiene un valor tan grande que se puede comprobar que una partícula minúscula de masa ínfima puede generar gran cantidad de energía (este es el secreto de la energía nuclear), pero tampoco este es el campo que quiero mostrar aquí.

Volviendo al Big Bang, al Principio existía una cantidad de energía, que como bien sabemos por Einstein, "ni se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma". De esta forma y teniendo en cuenta que materia y energía son dos caras de la misma moneda, la materia realmente no se crea ni se destruye, sino que también se transforma.

La energía que había al Principio era finita, por así decirlo, es decir, había una cantidad determinada de energía. Si la energía ni se crea ni se destruye, la cantidad de energía que había al Principio es la misma que hay ahora y habrá siempre, aunque "transformada".

De la misma manera, toda la materia que existe es la misma que existía al Principio. ¿Sorprende, verdad? Sorprende pensar que cada átomo de cada tecla de este portátil es el mismo átomo que habría en algún árbol del Pleistoceno y ha llegado hasta aquí cual osito de peluche de Burns (Bobo).

Es decir, los átomos que componen nuestro cuerpo han podido pertenecer a Jesucristo, a un dinosaurio o al propio Einstein. Un dinosaurio muere, se descompone y por ejemplo una planta absorbe sus nutrientes, esta planta se hace petróleo tras millones de años y luego de ahí sale gasolina, que la quema un coche y produce vapor de agua que tu respiras y tus células adquieren, los átomos de esa molécula de agua siempre han estado ahí.

Maravíllense de su propia existencia.